domingo, 11 de septiembre de 2016

Teorías sociológicas sobre el género

Sello de correos conmemorativo de Jane Addams




Con el presente artículo termino la serie de cuatro que tratan sobre los aspectos sociales del género. El primero, "Todo lo que quería saber sobre el sexo y el género", trata sobre los conceptos sociológicos básicos sobre el género, en especial, sobre la socialización de género. En el segundo de la serie, "Estratificación de género", hablamos de la distribución desigual de la riqueza, el poder y los privilegios entre hombres y mujeres. Por último en el tercero, “Lateoría feminista”, se ve con detenimiento el origen, la historia y las principales tipos de feminismo.

En este artículo vamos a abordar el estudio de las aportaciones sobre sociología del género de las principales escuelas como el funcionalismo, la sociología del conflicto o el interaccionismo simbólico.

Desencuentro entre la sociología y el feminismo
Como indicamos en el artículo anterior, en los comienzos de la sociología, las primeras sociólogas quedaron en la periferia de la profesión y las preocupaciones feministas se expresaron en los márgenes de la disciplina, mientras que los padres de la sociología  - Spencer (1), Weber (2), Durkheim (3) - daban respuestas conservadoras a las argumentaciones feministas considerándolas irrelevantes para la sociología que desarrollaban. Esta situación de desencuentro se ha mantenido de esta manera hasta la década de 1960.

A principios del siglo XX un grupo de mujeres (4), entre las que hay que destacar a Jane Addams (5), desarrolló un grupo de teorías sociológicas pioneras. Para George Ritzer (6), el hecho de que no sean reconocidas actualmente en las historias convencionales de la sociología es un testimonio escalofriante de la influencia política de género dentro de la disciplina.

Estas teorías ponían de manifiesto, en primer lugar, la igualdad en la importancia de las aportaciones de los hombres y las mujeres en la vida y el trabajo cotidiano; en segundo término reconocían que carecían de la objetividad formal de la teoría sociológica masculina pues hablaban desde una situación mediatizada y eso representaba un hándicap para ser reconocida como una construcción teórica homologable; y por último, la idea de que el fin último de la sociología era la reforma social para mejorar la vida de las personas, es decir, el carácter activista de la disciplina, y tenían la opinión de que el mayor problema para mejorar la vida de las personas era la desigualdad.

Según Ritzer estas sociólogas contribuyeron a configurar y cambiar  las sociedades en las que vivían – Addams recibió el premio Nobel de la paz en 1931 por sus actividades sociales - pero son  recordadas como activistas y trabajadoras sociales más que como sociólogas con un legado que llama a la acción y al pensamiento por partes iguales.

Como decíamos anteriormente, es a partir de 1960 cuando se produce un lugar de encuentro entre la teoría sociológica y el feminismo tanto en la sociología sustantiva - es decir, el estudio de la desviación, la familia, las ocupaciones y las profesiones, la sociología política, los movimientos sociales y la estratificación  - como en las teorías sociales que se centran en el género. Vamos a revisar lo que expresan al respecto de este segundo punto el funcionalismo, la sociología del conflicto y las teorías que tienen un enfoque microsociológico; y lo vamos a ver desde su perspectiva, digamos clásica, anterior a 1960 y desde su perspectiva posterior a ese año en el que se produjo un mayor maridaje entre las teorías sociológica y feminista.

El funcionalismo
Para los funcionalistas una sociedad es como un organismo vivo compuesto de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función necesaria para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es, por tanto, un sistema complejo cuyas partes "encajan" entre sí produciendo una situación de equilibrio y estabilidad.

Según Talcott Parsons (7), el autor funcionalista más representativo, las diferencias de género son una herramienta integradora de las sociedades. El género, según Parsons, constituye un conjunto de roles complementarios que unen a hombres y mujeres en unidades familiares que son vitales, por las funciones que desempeñan, para el funcionamiento global de la sociedad. Y lo son tanto desde un punto de vista estructural - lo que la gente hace - como desde un punto de vista moral - en lo que la gente cree -.

La sociedad promueve comportamientos específicos de género, que vimos en el primer artículo, a través de distintos sistemas de control social, de forma que la gente incorpora estas definiciones culturales de género a su propia identidad. Traicionar esa identidad supone sentir culpabilidad y miedo al rechazo de los demás. Y de esta forma está todo atado y bien atado, casi todas las personas, mujeres y hombres, hacen lo que se espera de ellos, todo permanece en equilibrio y la sociedad sigue funcionando como una máquina bien engrasada.

Pero esta visión de la sociedad es demasiado idílica, el análisis de Parsons minimiza las presiones y los costes sociales que derivan de los roles tradicionales de género tal como vimos cuando estudiamos la estratificación debida al género. No todo funciona tan divinamente como pretenden los funcionalistas y, por otra parte, la complementariedad parsoniana suena mucho a dominación de la mujer.

A finales de la década de 1980, Miriam Johnson (8), desarrolló una teoría del género funcionalista que incorporaba elementos de la teoría feminista. Lo primero que admite Johnson es que efectivamente existe un sesgo sexista en la teoría de la familia de Parsons y que el funcionalismo parsoniano margina las cuestiones de la desigualdad social y las relaciones de dominación entre hombres y mujeres debido a su gran preocupación por el orden social. Pero es partidaria de que con las herramientas que provee el análisis social de Parsons, sin caer en sus defectos, se puede realizar una teoría del género de manera satisfactoria.

Johnson atribuye la desigualdad de género a la estructura de la familia patriarcal que, como hemos señalado en otros artículos, tiene un carácter universal. La familia socializa a los niños y renueva emocionalmente a los miembros adultos por lo que es esencial para la cohesión social y la reproducción de los valores. Precisamente las mujeres realizan en gran parte estas funciones esenciales para la sociedad, sin embargo, estas actividades las realizan de una manera “expresiva”. Esta expresividad para el funcionalismo significa que estas actividades se hacen desde la comprensión emocional y la responsabilidad relacional

Estas virtudes femeninas de tipo expresivo son sancionadas a la hora de integrarse en las estructuras sociales distintas de la familia, especialmente todas las relacionadas con la economía, que quedan en su mayoría en manos de hombres.

Pero para Johnson las funciones expresivas de la mujer no bastan para explicar la existencia de un sistema de estratificación de género que devalúa a la mujer y la sitúa en desventaja, existe un refuerzo cultural. Las constricciones culturales e institucionales hacen que las mujeres sean descritas como débiles y sumisas en relación a su marido, los hijos observan esta representación del rol de la mujer y aprenden a reverenciar el patriarcado y a devaluar la expresividad de las madres a favor a la instrumentalidad aparentemente más poderosa de los padres. 

La esperanza de Johnson es que el movimiento de las mujeres implique cambios societales y culturales que generen una nueva valoración sistémica de la expresividad.

Sociología del conflicto
Para los teóricos del conflicto el género no sólo implica diferencias en el comportamiento, tal y como se propone en el esquema parsoniano, sino que producen desigualdades económicas, de poder y de privilegios, sometiendo a las mujeres al prejuicio, la discriminación y, en ocasiones, a la violencia, creando una estratificación social entre hombres y mujeres paralela a la estratificación social de clase. El trato recibido por las mujeres sería semejante al que reciben las minorías étnicas y raciales. 

Según los autores de esta corriente las ideas convencionales sobre el género no fomentan la integración social sino que crean tensiones y conflictos en los que los hombres protegen sus privilegios y las mujeres desafían el status quo.

Desde un punto de vista clásico, la sociología del conflicto tiene su origen en las ideas de Karl Marx (9), pero sus escritos que trataron tantos temas, no prestaron atención a las cuestiones de género. SIn embargo, su continuador en la teoría marxista Friedich Engels (10), si que exploró la cuestión del género y clase social en sus publicaciones de principios del siglo XX.

Para Engels, en primer lugar, el capitalismo intensifica los valores patriarcales de la sociedad, dotando a los hombres de un mayor poder como propietarios y herederos. En segundo término para que los hombres puedan trabajar la sociedad asigna a las mujeres las labores del hogar. De esta forma las mujeres sufren una doble explotación, a través de sus maridos debido a los bajos salarios de la mano de obra masculina y la ejercida por sus maridos al no recibir ningún salario por su trabajo en el hogar.

Según los críticos de esta corriente, la sociología del conflicto ve a la familia clásica como un mal social, olvidando los aspectos positivos de la misma. También olvida que las mujeres y los hombres cooperan a menudo felizmente y, por último, pareciera que el capitalismo está en el origen de la estratificación de género cuando la sociedad patriarcal no ha sido patrimonio de esta forma de organización económica y no estuviera ya inventada en las sociedades agrarias.

En las décadas de 1980 y 1990 se desarrolla una nueva teoría de conflicto desde la perspectiva del estudio del género cuya figura más representativa es Janet Chafetz (11)

El enfoque de Chafetz es multicultural e histórico, se centra en la desigualdad de género que ella denomina estratificación de sexo. Es coherente con la metodología de la teoría analítica del conflicto – más en la tradición de Weber que en la de Marx -, en tanto en cuanto, descubre una forma de conflicto social recurrente y analiza, desde una posición neutral, las condiciones estructurales del conflicto. De hecho, estudia en tiempos históricos y sociedades diferentes, entre otras muchas variables: el rol de género, la ideología patriarcal, la tecnología, la dureza del entorno,  la familia y la organización del trabajo, en especial, la separación entre el hogar y el lugar de trabajo.

Según sus conclusiones las mujeres experimentan menos desventaja cuando pueden equilibrar las responsabilidades del hogar con un papel independiente en la producción del mercado, o bien,  cuando el trabajo en el hogar no se considera como un lugar de emociones y de crianza, como algo que está fuera del área del trabajo, sino que se valora como algo económicamente activo.

Chafetz, para mejorar la condición de la mujer, intenta identificar aquellos puntos estructurales que se pueden cambiar para reducir la desigualdad de género. Es en este punto dónde, según Ritzer, cae como otros autores en ir más allá de la teoría y se introduce en el activismo político, en este caso más en la línea de Marx que la de Weber.

Enfoques microsociológicos
Como ya sabemos por anteriores artículos de Sociología Divertida, los enfoques microsociológicos centran el nivel de análisis en las interacciones cotidianas de las personas que van dotando de significado al mundo social que les rodea. En ese contexto se preguntan acerca de cómo esas interacciones en el ámbito personal producen el concepto de género. Las dos teorías microsociales del género más importantes son el interaccionismo simbólico y la etnometodología.

El interaccionismo simbólico, cuyo máximo exponente es el filósofo norteamericano George Herbert Mead (12), explica cómo las personas van construyendo su propia identidad y definiéndose a sí mismas a través de sus experiencias sociales. En este sentido la identidad de género no es una excepción, emerge de la interacción continua con otras personas y se confirma continuamente en ese mismo campo de interacciones cotidianas. 

El individuo es consciente y consecuente con una serie de ideas que ha ido desarrollando en su mente  de acuerdo a lo que ha considerado importante de miles de conversaciones exteriores, gestos o símbolos sobre qué significa ser hombre o mujer; y actúan de acuerdo con esa definición internalizada que, aunque es un depósito del componente de género de la conducta de las personas, no es inmutable sino que puede modificarse a través de nuevas interacciones.

La etnometodología es el estudio de la forma en que las personas entienden o dan sentido a su vida cotidiana y cuyo principal autor fue Harold Garfinkel (13), en definitiva según palabras de Garfinkel, la etnometodología es la organización de la vida cotidiana o en palabras de Pollner (14), la organización extraordinaria de lo ordinario. En estas relaciones, las personas, ni pueden ser considerados como idiotas ni como actores reflexivos, conscientes y calculadores, sino en un estadio intermedio cuya acción es casi siempre rutinaria y relativamente irreflexiva, con uso de recetas preconcebidas y sobreentendidos que hace las relaciones previsibles.

Los etnometodólogos hacen la importante distinción teórica entre el sexo – identificación biológica del varón o la mujer – y el género – la conducta que cumple las expectativas sociales de ser varón o mujer – esta dualidad biológica y cultural ya la hemos visto anteriormente (15). El género, por tanto, no nace con la persona sino que se desarrolla en las interacciones sociales que protagoniza el individuo desde la cuna.

Las personas en una situación concreta saben que tienen que comportarse como varón o mujer y los demás reconocen ese comportamiento. Lo que no quita que personas de diferentes culturas, en lo tocante a la identidad de género, encuentren incomprensible la conducta del otro. Como vimos en “Todo lo que quería saber del sexo y el género” existe relativismo cultural en esto del género.

Más recientemente dos interaccionistas de pro,  Goffman (16) y Denzin (17), reconocen que el acceso a las concepciones del género en las sociedades modernas no derivan sólo de las interacciones interpersonales. Los mensajes de los medios – publicidad, televisión, películas, internet y prensa – les dicen a los adultos y a los niños muy directamente cómo se comporta uno en relación a su género sin que medie una relación interpersonal. Goffman denomina a estos procesos manifestaciones de género

Para finalizar
En este punto ponemos fin a los cuatro artículos sobre el género, lo que nos ha permitido tratar gran parte de los aspectos sociales del género, de manera descriptiva en los dos primeros sobre la socialización y la estratificación y, realizando un análisis teórico, en los dos segundos, sobre la teoría feminista y la teoría sociológica del género, que no deja de ser uno de los apartados más importantes de lo social que no ha sido tratado por la sociología con la debida atención hasta no hace mucho tiempo.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1.  Herbert Spencer (Derby, Inglaterra, 1820-Brighton, Inglaterra, 1903) fue un naturalista, filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés. Fue uno de los más ilustres positivistas de su país. Ingeniero civil y de formación autodidacta, se interesó tanto por la ciencia como por las letras. Ver en este mismo blog: “De cuando la sociología daba sus primeros pasos III: Reino Unido e Italia”.
  2. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista
  3. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “Decuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.
  4. Ritzer cita en este grupo de primeras sociólogas, aparte de Janet Addams, a Charlotte Perkins (1860-1935), Anna Juia Cooper (1858-1964), Ida Wells Barnett (1862-1931), Marianne Weber (1870-1954) – mujer de Max Weber –, y Beatrice Potter Webb (1858-1943).
  5. Jane Addams (Cedarville, Illinois, 6 de septiembre de 1860—Chicago, 21 de mayo de 1935) fue una socióloga feminista, pacifista y reformadora estadounidense. En 1889 fundó la Hull House junto a Ellen Gates Starr, que hoy en día es un museo. Mantuvo una relación romántica con Mary Rozet Smith, que describió como matrimonio. En 1931 ganó el premio Nobel de la Paz, convirtiéndose en la primera mujer americana en ganarlo, que se le otorgó por su compromiso social.
  6. George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
  7. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  8. Miriam Johnson (12 de enero de 1928 – 21 de noviembre de 2007) fue una socióloga norteamericana, profesora del departamento de sociología de la Universidad de Oregón.
  9.  Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  10. Friedrich Engels, llamado a veces en español Federico Engels (Barmen-Elberfeld, Prusia; 28 de noviembre de 1820-Londres; 5 de agosto de 1895), fue un filósofo y revolucionario alemán. Amigo y colaborador de Karl Marx, fue coautor con él de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical, y dirigente político de la Primera Internacional y de la Segunda Internacional.
  11. JanetSaltzman Chafetz (1942–2006) fue miembro del departamento de sociología de la universidad de Houston durante 30 años. Como teórica feminista líder en sociología, sirvió en el consejo de ASA (Asociación Americana de Sociología). Fue miembro fundador de la SWS Sociologists for Women in Society ( Sociólogos para la Mujer en la Sociedad ). Su inicial participación en el activismo social feminista dio paso a un compromiso para llevar los estudios de género desde su estado marginal en el marco de la sociología a la corriente principal de la disciplina.
  12. George H. Mead (27 de febrero de 1863 - 26 de abril de 1931), filósofo pragmático, sociólogo y psicólogo social estadounidense. Teórico del primer conductismo social, también llamado interaccionismo simbólico en el ámbito de la ciencia de la comunicación. Nació en South Hadley, Massachusetts. Cursó estudios en varias universidades de Estados Unidos y Europa e impartió clases en la Universidad de Chicago desde 1894 hasta su muerte.
  13. Harold Garfinkel (Newark, Nueva Jersey, 1917- 2011) era un Profesor emérito de sociología en la Universidad de California, Los Ángeles. Garfinkel es uno de los promotores clave de la tradición fenomenológica en la sociología estadounidense. Su propio desarrollo de esta tradición (que él calificaba de etnometodología) es ampliamente incomprendida. En contraste con la versión construccionista social de la sociología fenomenológica, él se centraba en una fenomenología empírica radical, en lugar de en las formas en que son interpretadas
  14. MelvinPollner (1940-2007) fue un sociólogo norteamericano partidario de la etnometodología, discípulo de Erving Goffman y Harold Garfinkel,  fue profesor del departamento de sociología de la UCLA.
  15. Ver “Todolo que quería saber del sexo y el género”
  16. Erving Goffman (11 de junio de 1922, Mannville, Alberta, Canadá - 19 de noviembre de 1982, Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos) fue un sociólogo y escritor considerado como el padre de la microsociología. Estudió las unidades mínimas de interacción entre las personas centrándose siempre en grupos reducidos, diferenciándose así de la mayoría de estudios sociológicos que se habían hecho hasta el momento, siempre a gran escala. Goffman es uno de los sociologos más importantes del siglo XX con Max Weber, Durkheim y Mead, sobre cuyos pasos trató de profundizar en una sociología más interesada en los procesos micro-sociales de interacción. Su interés central como teórico del interaccionismo simbólico fue estudiar la influencia de los significados y los símbolos sobre la acción y la interacción humana.
  17. Norman K. Denzin (1941) es Profesor Distinguido de  Investigación de la Comunicación, Sociología y Humanidades de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, EE.UU. Es una de las principales autoridades mundiales en la investigación cualitativa y crítica cultural, Denzin es el autor o editor de más de dos docenas de libros, entre ellos “El Manifiesto Cualitativo”.


Bibliografía:

Sociología
John J. Macionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

Teoría Sociológica Moderna
George Ritzer
5ª Edición
ED. McGraw-Hill
Madrid 2001

Maricela Guzmán y Augusto Pérez
La Teoría de Género y su Principio de Demarcación Científica
Revista Cinta de Moebio nº 30
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Chile
Santiago de Chile 2007